Fue ahi donde las lagrimas ya no se pudieron aguantar y todos nos abrazamos orgullosos porque nuestro esfuerzo habia tenido su fruto. Cantamos con mas entusiasmo (si es que podiamos tener mas) el himno de Extremadura y con la Bandera de Almendralejo ondeando al aire.
A partir de ese momento, en los 3 kilometros que nos separaban hasta la plaza del Obradoiro, el cansancio y los dolores desaparecieron para convertirse, junto con los animos que recibimos de nuestros seres queridos, en fuerza para llegar a nuestro destino.
No somos capaces de encontrar las palabras necesarias para describir la entrada a la plaza del Obradoiro de todo el grupo junto (una sensacion indescriptible). Por eso, estos peregrinos que han conseguido su objetivo y disfrutado durante su recorrido, os invitamos a que vivais esta experiencia por vosotros mismos.
¡Animo y muchas gracias por todo vuestro apoyo!